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Número 22 | Julio de 2008
Cultura con tacto
 
Matadero: de las vacas al arte en estado puro
Gala Díaz Curiel
 
Lorenzo nació en el número 53 del Paseo de la Chopera como nacían los niños hace 51 años: en casa y con las vecinas del bloque haciendo de nutrido corrillo de reporteras. Su mejor amigo, Antonio, vivía en la Casa del Reloj cuando aquello no eran más que humildes viviendas y no el centro cultural que hoy sirve de referencia a todo el distrito de Arganzuela.

Cuando llegaba la hora de la merienda y tenían ganas de trastear un rato, cogían el bocadillo y se metían en el matadero del número 14. “Supuestamente estaba prohibido entrar pero nosotros siempre conseguíamos colarnos”, dice con la misma cara que debía poner cuando todavía era niño y su madre le preguntaba dónde había estado. Les encantaba pasar las horas en la nave de terneras; con miles de vacas muertas y despellejadas sobrevolando sus cabezas. También les gustaba ver pasar torpemente a los cerdos por el burladero. Y después el secadero de pieles, los frigoríficos… Aquel era un mundo grandioso y primitivo al que nunca estaba de más viajar. Establecido en uno de los enclaves más significativos de la arquitectura industrial madrileña de principios del siglo XX, el Matadero y Mercado de Ganado de Arganzuela abastecía con su carne a toda la comunidad de Madrid. Eran 148.300 metros cuadrados utilizados a pleno rendimiento. Pero hoy no queda nada de aquello. En 1996 las elefantiásicas naves del matadero dejaron de funcionar y todas sus actividades se trasladaron a Mercamadrid; otro elefante. Durante años el antiguo matadero quedó abandonado. La hierba comenzó a crecer y los okupas se hicieron con alguna de las naves hasta que en 2003 el Ayuntamiento de Madrid decidió convertir este espacio en un gran laboratorio de creación artística.

En el mismo lugar en el que antes estaban las cámaras frigoríficas para el ganado está ahora Intermediae, un espacio dedicado al desarrollo de proyectos colectivos y siempre abierto a la participación del público. Jimy -Jimy Dios para sus compañeros- pasea por las salas de Intermediae como quien camina por su casa. Lleva bastante tiempo trabajando en el Matadero y habla con pasión de las posibilidades de este proyecto. “Cada vez la gente viene más. Es genial. Vienen a ver alguna de las proyecciones, a ver las exposiciones o… a jugar al ping-pong como estos niños” y señala a los cuatro amigos que, a base de tesón, ya se han hecho habituales entre estas cuatro paredes. Muy cerca, en una nave adyacente y cerrada con enormes cristaleras, está el terrario. Le llamaron así por los enormes cactus con los que está decorada la estancia. En este espacio lleno de mesas de trabajo, estrambóticas sillas y sofás de otro mundo todo el que quiera puede conectarse a Internet gratis. “Mucha gente viene aquí a trabajar”, explica una joven de acento italiano encargada del terrario. “Puedes meterte en Internet con los ordenadores de Matadero o con tu propio portátil. Sólo tienes que buscar la red y ¡a trabajar!”. Pero además el terrario esconde una de las bibliotecas utópicas más grandes del mundo. “Montamos una exposición -dice Jimmi- que se llamaba Utopía y conseguimos un montón de libros que se han quedado aquí”. Desde la Breve guía de lugares imaginarios hasta Los viajes de Gulliver o 20.000 leguas de viajes submarino…
A la izquierda de la entrada principal esta Abierto por Obras, una nave concebida ahora como centro de exposiciones. Aquí no está Picasso, tampoco Goya. La sala acoge las obras más rompedoras del panorama artístico actual. Ahora es Manuel Sáez quien invita a los visitantes a reflexionar con su instalación Buffer, un término procedente del lenguaje tecnológico que las dos ancianitas que entran en la sala cogidas del brazo no llegan a comprender. ¡Esta juventud!
Los arquitectos encargados de la transformación del matadero decidieron conservar la estructura del antiguo edificio, su identidad. La intervención, lejos de destruir, ha reconvertido sobre lo existente. Se conservan los azulejos de estilo mozárabe que decoraban las paredes, las altas columnas deshechas por el tiempo, el ladrillo rojo, las bóvedas… Y si uno se queda en silencio todavía puede escuchar el mugir de las vacas…
Entre sus naves de enormes techos ha anidado también la Central de Diseño, un área gestionada por el Ayuntamiento en colaboración con una Fundación dependiente de la Asociación de Diseñadores de Madrid. Ahora acoge una exposición dedicada al diseño holandés en la que se pueden ver desde expendedores de bicicletas (sí, sí, como lo oyen) hasta sillas que cruzan las piernas. No tiene pérdida.
Las tres naves dedicadas antiguamente al ganado lanar son ahora las Naves del Español, un espacio dedicado a los montajes teatrales de todos los formatos, performances, lecturas dramatizadas, talleres o clases magistrales. Con la misma dirección artística que el Teatro Español de Madrid, las Naves son el lugar perfecto para llevar a cabo montajes de grandes dimensiones. Estrenaron hace casi un año con la ópera Ascenso y caída de la ciudad de Mahagony dirigida por Mario Gas y el 29 de mayo abren las puertas a su peculiar montaje de Macbeth. “Yo creo que la actividad del teatro ha servido como imán para atraer al público al Matadero”, dice Alessandro Rizzoli, adjunto a la dirección técnica del teatro y, como él mismo dice, “el que se encarga de todo”. Dejó Italia y se vino a trabajar al Matadero porque el proyecto le interesaba pero todavía mira a la administración con recelo. “El proyecto es genial. Creo que es un desafío para Madrid porque ninguna capital europea tiene un espacio tan grande ni con tanto potencial. Ahora hay que ver hacia dónde vamos porque este es un proyecto muy ambicioso, que necesita muchísimo presupuesto y, siendo una infraestructura pública, el dinero se tira y los tiempos se van agrandando”.

El tiempo que pasa
Lorenzo ha dejado su bocadillo y ahora es guardia de seguridad del Matadero. Cosas de la vida… “Esto es otro mundo. Antes producía dinero por la cantidad de carne que salía de aquí y ahora produce dinero porque la gente viene más al barrio. ¡Parece que se acuerdan más de nosotros!” Como vecino, está encantado con el proyecto. Se siente orgulloso de que su matadero, aquel por el que enredaba en sus tardes de juego, se vaya a convertir en breve en uno de los centros culturales más grandes y completos de Europa.
Aún queda mucho trabajo por hacer pero, cuando el proyecto esté terminado, quizás allá por 2011, el Matadero acogerá el Centro de Arte Actual Colección Arco, la Casa del Lector, el Centro Actual de Arquitectura de la Fundación COAM, el Centro de Cine Documenta Madrid, el Museo del Traje, un centro de danza…También un enorme espacio dedicado a la difusión de la música.
En la mañana del domingo muchos se han acercado al Matadero. Ante la fachada, un nutrido grupo practica técnicas de jardinería con su monitora. “Es gratis y nos lo pasamos muy bien”, dice Dolores mientras da instrucciones a su hijo sobre qué hacer con la tierra. “Yo he venido con mis hijos, mis sobrinos y mis hermanos y me encanta. Deberían hacer más cosas así”. Como ella muchos han decido pasar la mañana en el gran centro cultural. Algunos son vecinos del barrio, gente que ha vivido la transformación en sus propias carnes. Otros han llegado desde otros puntos de Madrid atraídos por los anuncios, el boca a boca o la simple curiosidad. Todos coinciden en una idea: el proyecto es bueno para el barrio, para los ciudadanos y para el turismo. El tiempo lo dirá.


 
Publicado el 1 de mayo de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir
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