Dios es sexo, también. Aunque el “también” lo habían pintado después, Buzz sentía íntimamente aquella declaración a través del semen de marrón tiznado deslizándose suavemente a través de sus muslos y pegajoso entre sus nalgas.
Dios saliendo y entrando violentamente en su ano, su cabeza redondeada y tersa parecía querer asfixiarse fuera de la bolsa de plástico. Una cabeza como lomo de ballena que escupiría un considerable chorro espermático justo cuando decidiera morir varado en el recto. Los penes, no entendía, qué quietos andaban a morir algunos.
Lo habían follado un poco torpe, con pinta de maestro largamente detenido en la muerte de su jardín, esperando discípulos.
Ahora se subía el pantalón preguntándose por qué había elegido Buzz como nombre de guerra. Detrás ya no había nadie más que una puerta acabada de cerrar... Acabaría el concierto con la polla sucia de excrementos, una mousse dedicada tras la cita y la carrera con las anfetaminas y la cocaína, la noche anterior.
Dios ardía ausente en su anterior.
¿Qué tatuaje había elegido? Corrió el pestillo y sacó primero la tira de goma. Notó el sudor acumulado grueso en su frente.
Ctrl en una nalga, Alt en la otra, Supr en la polla. Su novia, llevaba uno igual en aquel pubis de ángel.
Esperaba fuera, intranquila, celosa.
Más vale que se follara a alguien...
Quizás al mismo.
Él ya tenía ganas.
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