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Número 22 | Julio de 2008
Brasil
 
¡Oh! qué será, qué será…
Casandra
 



Jorge Amado y Sonia Braga.


Cuando me propusieron llevar a un grupo de turistas ingleses a Salvador de Bahía creí que Dios me vino a visitar. Por fin iba a conocer esa enigmática ciudad de la cual me había enamorado en mi juventud cuando la genialidad de Jorge Amado, la belleza incomparable de Sonia Braga y la música exquisita de Chico Buarque se reunieron para presentarme un universo donde el contraste de opuestos impera en una extraña armonía que lo hace único e irrepetible.




Largo del Pelourinho.


Al llegar al centro histórico sentí la inmensa generosidad de esta ciudad, pues me ofrecía un espectáculo único para dar rienda suelta a mis sentidos: contrastes de colores, olores y sonidos, todos allí, gritándome que esa ciudad vive y se expresa sin inhibiciones. La alegría y la tristeza se reúnen en los tradicionales bares del Largo del Pelourinho a tomarse una caipiriña al ritmo de un axe que acaricia al alma.
Bastó un día allí para reconocer que no es casual que hoy se la considere como la ciudad brasileña más rica culturalmente, que encanta al viajero ávido de historia, de poesía, de colores y ritmos afro-brasileños.

Recorrer el Pelourinho, a cualquier hora del día o la noche, es recargarse de energía positiva. Allí puedes visitar los lugares más representativos de su historia, como Praça da Sé, la Catedral, la Iglesia de San Francisco, la Casa de Jorge Amado, y además conocerás el espíritu auténticamente bahiano: la calidez, la alegría, las ganas y la pasión a flor de piel que viven cotidianamente en sus casas, en los bares, en los terreiros, en los múltiples puestos de artesanía callejeros y en sus plazas.
A los dos días ya me sentía una más de ellos, porque ésta es otra de las virtudes de este pueblo: siempre te hace sentir como en casa, algo que los turistas agradecemos ante todo.



Fundación Jorge Amado.





Praia do Forte.


Decidí entonces disfrutar las increíbles puestas de sol que sus playas ofrecen, pues si de algo puede jactarse Bahía es de contar con una de las más lindas playas brasileñas como Praia do Forte ubicada a unos 80 kilómetros del centro histórico de Salvador.

La Villa de Praia do Forte es una antigua aldea de pescadores, con características rústicas bien conservadas y con una inmensa y bien animada vida turística, contando con varios restaurantes, bares, cafeterías y posadas. Se pueden tomar autobuses que parten hacia allí todo el día, en la Estación Rodoviaria o en distintos puntos de parada, y se tarda más o menos 1.40 hora en llegar. Vale la pena quedarse unos días en esta preciosa villa de pescadores, dueña de una playa encantadora, salpicada de palmeras y que forma parte de la reserva ecológica de Sapiranga que entre otras cosas ofrece la posibilidad de visitar el Proyecto Tamar dedicado a la preservación de tortugas marinas.

Luego gente del lugar nos propuso conocer la Isla do Frade que forma parte de la Bahía de Todos los Santos y es una pequeña isla sin demasiada infraestructura pero con playas hermosísimas, aguas color turquesa, calmas y tibias. A este lugar por supuesto se accede en barco desde el puerto de Salvador y suele ser un paseo de día completo.



Isla de Itaparica.


Luego visitamos Itaparica, la más grande de la Bahía de todos los Santos, que cuenta con un club de playa donde puedes alojarte o sólo almorzar y pasar allí el día, recorriéndola con las limitaciones que estas excursiones implican y conociendo sus playas naturales.

Y finalmente tuve que regresar a Madrid, lamentando profundamente que fuesen tan pocos días los que el tour planteaba, pero feliz porque sabía que este viaje marcaría un antes y un después en mi vida. Había experimentado la simpleza del disfrute cotidiano y la alegría de vivir. Simplemente me quedaba soñar con la vuelta y escuchar una y mil veces a Chico Buarque, preguntándome yo también "¡Oh! que será, que será”, que hace que esta ciudad definitivamente sea mágica.

 
Publicado el 1 de mayo de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir
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