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| Arte en el Bicentenario |
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| Julia María Carvajal | |   | El próximo dos de mayo se cumplen doscientos años, de un hecho que cambió la historia de España. El levantamiento de Madrid contra las tropas francesas, fue el golpe definitivo a las aspiraciones de Napoleón Bonaparte de anexionar la península ibérica a su Imperio. El pueblo madrileño se echó a la calle, las clases populares combatieron a los invasores, ya que los nobles y la alta sociedad estaba con los franceses, a quienes veían como mensajeros de la modernidad, cultos, elegantes y refinados, el gran artista Francisco de Goya, figura central de la conmemoración, era lo que se llamó en la época “un afrancesado”, es decir también recibió con agrado a los galos, aunque posteriormente se convirtió en cronista de la injusticia de las ejecuciones de civiles, la inmisericordia con la que se masacró a unas gentes sencillas que luchaban por defender su tierra.
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Andrés Torrejón, el famoso alcalde de Móstoles, que alentó a sus paisanos a expulsar a los invasores franceses, es recordado en los eventos programados en su localidad natal, exposiciones, conferencias, cine, y todo tipo de actividades culturales se dan cita en Madrid y su provincia, desde el mes de Mayo hasta octubre de este año, incluida la visita virtual, un viaje en el tiempo, recorriendo el escenario donde se produjeron los principales acontecimientos, con un guía de excepción como es el periodista, escritor, y académico Arturo Pérez Reverte.
En 1908, siendo alcalde de Madrid el Conde de Peñalver, se celebró el centenario del dos de Mayo, aunque entonces los actos tuvieron un carácter eminentemente festivo, con desfiles, fuegos artificiales, la inauguración del Monumento al dos de Mayo, y la colocación de varias placas conmemorativas que rendían homenaje al papel de las mujeres en la sublevación madrileña, Manuela Malasaña, Clara del Rey, Benita Pastrana. Hoy, en 2008, la cultura ha tomado el relevo a la fiesta, y sin duda el Arte, representado en la figura de uno de los más grandes artistas plásticos que España ha dado al mundo, Francisco de Goya.
Francisco de Goya y Lucientes, Fuendetodos (Zaragoza) 1746 / Burdeos (Francia) 1828, pintor y grabador, artista enmarcado en el romanticismo, por su estilo de pincelada suelta y rico cromatismo, se le considera el precursor de la pintura contemporánea y de las vanguardias históricas del siglo veinte. Se inicia en su tierra natal en el barroco tardío, en 1770 viaja a Italia donde evoluciona hacia el neoclasicismo, desde allí se traslada a Madrid como pintor de cartones para los tapices de la manufactura real de Santa Bárbara, su trabajo en esta etapa da lugar a obras como “El Pelele”, en la que utiliza el sarcasmo para criticar al Rey, “La gallina ciega”, de clara influencia francesa, asimismo recrea escenas populares como en “El Quitasol”, o “La pradera de San Isidro”, de gran complejidad compositiva, dado el número de personajes y los distintos planos en que se desarrolla. En 1793 sufre una grave enfermedad, que hace que su obra se vuelva más creativa y original, pinta una serie de cuadros de pequeño formato a los que llamará “Caprichos”, en ellos plasma el misterio, la brujería, la crueldad, no se sabe a ciencia cierta si lo hace como burla a las supersticiones o como necesidad de expresar sus propias obsesiones, “el sueño de la razón produce monstruos”, confiesa Goya. De esta serie destacan por su crudeza “El Akelarre”, lienzo en el que se puede ver a unas mujeres de rostros deformados, ofreciéndole al macho cabrío (representación de Satán) niños vivos, “Saturno devorando a uno de sus hijos”, estremecedora interpretación de un tema mitológico, con una intensa violencia expresionista. En la misma línea, Goya realiza otra serie “Pinturas negras”, en las que refleja los aspectos más sórdidos e irracionales del ser humano, recurre a escenas de cárceles y manicomios, y lo hace mediante murales pintados al fresco en su casa, ”la Quinta del sordo”.
Como todos los grandes artistas, Francisco de Goya, es un creador de contrastes, es capaz de recrear el lado oscuro, pero también la belleza física, y la devoción religiosa, de las personas, “Las Majas”: vestida y desnuda, que suscitaron la polémica sobre todo por la identidad de la retratada, y las obras que decoran la ermita de San Antonio de la Florida, incluida una “Última Cena”, son buena prueba de esa capacidad.
Goya fue pintor de la Corte, y pintó retratos de personajes de la realeza, como “La familia de Carlos IV”, en el que se aprecia la influencia de Velázquez, pues da al lienzo el mismo tratamiento pictórico que el artista sevillano dio a sus famosas “Meninas”. No perdió el cargo cortesano, a pesar de su buena relación con los ilustrados franceses, sino que a la vuelta de Fernando VII al trono, después de la derrota de Napoleón, continuó haciendo retratos reales. Nunca se significó sobre su ideología política, pero su aportación a las ideas fue decisiva con la denuncia que hizo de los horrores de las guerras, independientemente del resultado y del bando que los ocasione, en los “Desastres de la guerra”, primero con obra gráfica y posteriormente con una de las obras más impresionantes y conocidas de este autor, “Los fusilamientos del tres de Mayo”. Goya pintó este cuadro seis años después de los acontecimientos en los que se inspira, por tanto no fue motivado por una reacción espontanea. En 1814 se reinstaura la dinastía Borbón en España, y el rey Fernando VII regresa del exilio, su llegada a Madrid se convierte en una fiesta popular en la que se ornamenta la ciudad y se colocan arcos triunfales a su paso, Francisco de Goya se compromete a pintar cuatro cuadros, pero solo realiza dos, “Los fusilamientos del tres de Mayo” y “La carga de los Mamelucos”, ambas obras recibieron criticas dispares a lo largo del tiempo, se exhibieron para celebrar el retorno del rey a España, luego se almacenaron, en 1850 llegan al Museo de El Prado, pero no se exponen, tienen que transcurrir décadas hasta que el romanticismo y el impresionismo, imperantes en las tendencias plásticas de la época, hacen que se recuperen, se muestren y alcancen fama mundial.
“El dos de Mayo de 1808 en Madrid”, también llamado “La carga de los Mamelucos en la Puerta del Sol”, oleo de considerables dimensiones (268 x 347), representa una escena del levantamiento del dos de Mayo contra los franceses, en el comienzo de la guerra de Independencia para vencer a Napoleón, que había ocupado España y puesto a su hermano José como nuevo Rey de los españoles. En el cuadro los mamelucos, que eran mercenarios egipcios combatiendo al lado de los franceses, aplastan de forma sangrienta a los sublevados españoles. El movimiento de los caballos y los personajes dotan al cuadro de un gran dinamismo, así como los cuerpos de los caídos y los ríos de sangre imprimen realismo a la cruenta batalla que se libra, al fondo del lienzo se adivina el perfil de Madrid.

Los fusilamientos del tres de Mayo, Francisco de Goya.
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“Los fusilamientos del tres de Mayo” es igual que el anterior, otro lienzo de gran formato (268 x 347), ejecutado al óleo, con pocos detalles, como un relato bélico, plasmado con luz natural, centrándose en el tema, en él se ven los contrastes que denuncian la desigualdad de fuerzas : en un lado ocho soldados de infantería, uniformados, armados con fusiles, sombrero y un muro, en el otro las víctimas, un grupo desesperado, indefenso, que aguardan a ser fusilados, entre ellos destaca un hombre con camisa blanca y los brazos alzados en cruz, la asociación con Jesucristo es intencionada, pues presenta estigmas en sus manos, así se transmite un mensaje, “se asesina a mártires”. Además de las víctimas y los verdugos, también están en la terrible escena los muertos, introduciendo el transcurso de tiempo en la composición, y la Iglesia representada en la figura de un fraile que se sitúa en la primera fila de los condenados a morir. La Iglesia apoyó la revolución, llamando desde los altares a la resistencia contra los franceses, incluso permitiendo que los sacerdotes empuñaran las armas para ayudar al pueblo a echar al invasor, su oposición a Napoleón fue feroz, no tanto por defender la libertad, como por venganza, porque el pequeño emperador se atrevió a cerrar un tercio de los conventos y a suprimir la Inquisición. Esta obra ha influido en otros artistas de distintas épocas, como en Manet, en su cuadro “La ejecución de Maximiliano”, (1868), o en Picasso en su “Masacre en Corea” (1951).
Una vez afianzado de nuevo en el trono de España, Fernando VII, ejerció una fuerte represión contra todos los sospechosos de haber simpatizado con los franceses, razón por la que Francisco de Goya se vio obligado a abandonar su país, partió a Francia, y en Burdeos, donde falleció, volvió a pintar retratos, el último fue “La lechera de Burdeos”.
Como los grandes sabios que han pasado por el mundo, su pensamiento, lúcido hasta el final, le llevo a despedirse de su actividad pictórica con estas palabras: “Aún aprendo”...
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| Publicado el 29 de abril de 2008 a las 20:01 horas. | Imprimir |
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