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| Sublime Poveda |
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| Antonio Alcántara Moral | |   | Miguel Poveda: cante. Juan Gómez “Chicuelo”: guitarra. Luis Cantarote y Carlos Grilo: palmas. Paco González: percusión. III Festival Suma Flamenca de la Comunidad de Madrid. Teatro Albéniz, Madrid. Viernes, 23 de mayo. 20,30 horas.
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Ni las adversas condiciones meteorológicas impidieron el lleno para ver uno de los platos fuertes del Tercer Festival Suma Flamenca (el más importante de la Comunidad de Madrid). Todos querían hacerse un hueco en el Albéniz para disfrutar del arte del Premio Nacional de Música: Miguel Poveda. Un periodista muestra su carné de prensa para ver si cuela, algún guiri que puja por las últimas entradas mientras se empapan de agua; toda artimaña era válida para contemplar a uno de los mejores cantaores en la actualidad. Dentro no cabía ni un alfiler (de color o no). La audiencia expectante, tenía mucho apetito de buen flamenco.
Primer gran aplauso para Miguel cuando salió impecable con traje negro y se agarró a su silla para comenzar a embriagar al público con el “Pregón del uvero”, en su día popularizado por Manolo Caracol, ejecutado de forma magistral por el cantaor catalán. Momento para las cantiñas, iniciadas con unas dulces alegrías de Córdoba, y que Poveda cantó con gracia, gustándose en el escenario, flanqueado siempre por su “comando Jerez” a las palmas (“Lua” Cantarote y su compare Carlos Grilo), el magistral toque de “Chicuelo” y el percusionista sanluqueño Paco González, “que agradezco a Vicente Amigo que me lo haya dejado hoy porque es uno de los mejores de España”, espetó el badalonés.
Llegó el turno de las malagueñas de Chacón que finalizó por jaberas y fandangos de Lucena antes de transmitir que “es todo un reto el cantar aquí esta noche, pero vengo con mucha energía para que paséis una buena noche”. Y dio buena fe de ello con la soleá del Charamusco. Momento inolvidable, de esos que crean afición. Dominó sin problemas y engrandeció este difícil estilo, rescatado por Antonio Mairena, llegando a unos registros que están al alcance de pocos. El público agradecía y reconocía el esfuerzo. “Eres el número uno, Miguel”, le gritaban.
Las geniales falsetas que emanaban de la guitarra de Chicuelo contagiaban la buena sintonía en el escenario y este ambiente se transmitía al público que gozaba con los tangos de Málaga (y del Piyayo) y trianeros (del Titi). Y de un cante festero a otro más sentío como son los cantes de Levante. Miguel encendió la Lámpara minera que ganó en su día para interpretar de forma magistral una minera y taranto en memoria del maestro Pencho Cros.
Tiempo para pedir limosna de amores por bulerías antes de encender la radio de su madre, que sintonizó con toda la audiencia del Albéniz. “Estás intratable”, se escuchaba desde el graderío. Miguel establecía un diálogo con su público, se sentía agusto, pero “siento una gran responsabilidad y es un gran compromiso cantar aquí. La verdad que acojona, pero estamos cantando con el corazón”, confesaba el cantaor de Badalona.
Este compromiso lo demostró de nuevo al interpretar la liviana-serrana, un cante lleno de dificultad y cada vez más perdido. Y como no podía ser de otra manera, Poveda finalizó por bulerías, con ese soniquete jerezano del que se ha impregnado magistralmente. Ovación de gala. El Albéniz entero de pie. Poveda lo agradeció sacando sus “Alfileres de colores” para espolear aún más el ánimo de los asistentes, que explotaron de júbilo y quedaron hechizados por su genial actuación.
“Eres el Federer del cante”, le gritó una señora. “Me parezco más a Nadal”, respondió Miguel. Los numerosos elogios y piropos del público hacia Poveda evidencian que a través de su arte, su estudio y su versatilidad el badalonés ha conseguido algo tan difícil con su juventud como tener su propia afición, sus seguidores: los povedistas. Y es que detrás de alguien grande siempre está la pasión de muchas personas.
“Te están plagiando los comentarios”, me dijo el compañero Isaac Rodríguez, de la revista El Olivo, al acabar el espectáculo. Me alegré bastante porque siempre es un placer comprobar que la gente lee tus crónicas y que además ha cuajado el parangón entre Federer y Miguel Poveda, que tuve el pequeño descaro de hacer en diciembre. Poveda posee una exquisita técnica y la variedad de recursos (al igual que Federer) lo que le mereció el Premio Nacional de Música en 2007. Pero he de añadir siguiendo con esta extrapolación del flamenco al terreno deportivo, y si me permiten de nuevo ustedes, que Poveda también se asemeja a Nadal (no sólo físicamente), ya que se entrega en cada momento y crea afición como nadie. Además, al igual que el tenista español, Miguel ha pasado en muy pocos años de ser una joven promesa a un referente indiscutible dispuesto a hacer historia.
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| Publicado el 1 de julio de 2008 a las 00:00 horas. | Imprimir |
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